Se dice que es una leyenda urbana. Se asegura que es fruto de la imaginación de un estudiante; que es, simple y llanamente, una broma. En fin, se trataba de una página de Internet, publicada hace ya algunos años y que hoy está fuera de la red, allí se podían comprar “gatos bonsái”, los cuales “aparentemente” son vistos como objetos decorativos o mascotas petrificadas.
Muchos aseguran que no es una leyenda. Que ese trabajo repugnante se comercia en distintas partes del mundo.
Lo repugnante estriba en el método de “elaboración” de los gatos bonsái, que consiste en introducir un gato en una botella, cuando aún tiene pocas semanas de nacido y sus huesos con un agujero para que respiren, un tubo en la boca para alimentarlos y una sonda para que eliminen los desechos corporales. Se asegura que al cabo de cierto tiempo se rompe la botella quedando el gato con la forma del recipiente.
Existía una página que mostraba fotografías de gatos embotellados y del proceso. A partir de ello se asegura que comenzó a circular un HOAX, es decir, una burla que no pretende serlo, un mensaje solidario basado en una historia falsa. En enero de 2001 algunas páginas de noticias en español, entre las que se incluye la agencia EFE, denunciaban el sitio descrito, surgido en el año 2000.
Organismos oficiales investigaron para revelar que el doctor chino que anunciaba la venta de estos gatitos no existía y que todo era resultado del ocio de un estudiante.
Respecto a las fotografías que mostraban la manipulación de los gatos, una asociación protectora de animales no encontró evidencias de que se hayan cometido abuso con los animales.